“Y aunque parezca simplemente un alto en la rutina escolar, y laboral para algunos, la verdad es que estas “vacaciones” representan mucho más que eso, es una invitación para detenernos y volver al centro de todo: la familia”
El viernes fue el último día de clases y con ello iniciaron las vacaciones de Semana Santa para casi 300 mil estudiantes de nivel básico en Ciudad Juárez, así como para más de 12 mil docentes y directivos. La pausa se extiende hasta el 25 de abril, según datos de la Subsecretaría de Educación y Deporte.
Y aunque parezca simplemente un alto en la rutina escolar, y laboral para algunos, la verdad es que estas “vacaciones” representan mucho más que eso, es una invitación para detenernos y volver al centro de todo: la familia.
Cada vez que llega este período, volvemos a escribir en este espacio —como lo hicimos en 2023— sobre lo que se puede hacer en la ciudad, las actividades culturales, los operativos de seguridad y las recomendaciones básicas para quienes salen de viaje. Pero más allá de eso, también es momento de hacer una pausa y mirar hacia adentro.
La Semana Santa, independientemente de si somos creyentes o no, es un tiempo que nos invita a reflexionar y a preguntarnos: ¿hace cuánto no compartimos una comida en casa sin pantallas? ¿Cuándo fue la última vez que jugamos con nuestros hijos al aire libre o caminamos sin destino por un parque? ¿Qué tanto nos damos permiso de simplemente estar?
Para quienes se quedan en Juárez, hay muchas formas de disfrutar: El Chamizal, siempre nos espera para recordar que es un lujo cotidiano tenerlo. El Centro Histórico y su mezcla de pasado y presente; lugares como el Museo de la Revolución en la Frontera, la Casa de Adobe o La Rodadora nos ofrecen experiencias para compartir en familia y amigos.
También están las Dunas de Samalayuca, donde podemos correr entre montañas de arena, o el Parque Central, donde alimentar patos se convierte en una forma de enseñar empatía.
La Coordinación General de Seguridad Vial anunció operativos para proteger a quienes viajan. Y es importante seguir esas recomendaciones, pero también cuidar de algo que tenemos en el olvido: nuestros vínculos, esos que fortalecemos con una caminata juntos o simplemente viendo películas en casa.
Estos días no se tratan de tener el plan más sofisticado ni de gastar en grandes viajes. Se trata de dormir un poco más, de hablar un poco mejor, de reír.
Porque al final de cuentas, lo que más recordamos de nuestra infancia no son las vacaciones lujosas, sino las veces que nuestros padres se sentaron con nosotros, nos miraron sin distracciones laborales y/o tecnológicas o nos contaron una historia inventada al caer la tarde.
Semana Santa es descanso, sí. Pero también es oportunidad. Aprovechémosla.