En 1990, durante el gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, inició operaciones un mecanismo destinado a garantizar la estabilidad financiera de la nación ante la posibilidad de crisis: el Fondo Bancario de Protección al Ahorro, mejor conocido por sus siglas Fobaproa. Sin embargo, aunque pudiera haber tenido un origen legítimo, se convirtió en uno de los episodios más oscuros de la economía mexicana.

La crisis de 1994, ocasionada por los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, también conocida como “El error de diciembre”, tuvo consecuencias profundas en la economía y afectó a millones de mexicanos que perdieron su patrimonio, ahorros y trabajo. En 1998 se utilizó el Fobaproa para rescatar a los bancos, y con eso se selló su destino como uno de los actos de corrupción más atroces y con peores consecuencias para el pueblo mexicano. Bajo el argumento de salvar a los ahorradores de los errores de estos dos expresidentes, terminaron salvando a sus amigos banqueros.

Originalmente, el costo del Fobaproa fue de 552 mil millones de pesos, pero al considerar los pagos acumulados de intereses, el costo de la deuda supera los 2 billones de pesos hasta 2024. Para dimensionarlo, equivale al 9.4 % del PIB actual de México. Además de la enorme carga que representa, debemos considerar que el pago del rescate de los amigos banqueros de Salinas y Zedillo ha sido a costa de quitar recursos a la salud, educación e infraestructura. Las decisiones de estos dos expresidentes han condenado a generaciones de mexicanos a pagar un rescate que benefició a unos cuantos.

La historia se vuelve más indignante cuando surgen los nombres de los principales beneficiados. Entre los más destacados están Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú, en ese entonces dueños de Banamex, quienes fueron parte del círculo financiero que apoyó la privatización bancaria y se beneficiaron al adquirir el banco en medio de serias acusaciones de corrupción y privilegios.

Otros nombres que surgen son Ángel Isidoro Rodríguez, alias “El Divino”, dueño de Banca Confía, detenido en España en 2002 por delitos financieros, y que tenía una estrecha relación con el priista Carlos Hank González; y Carlos Cabal Peniche, dueño de Banca Cremi, quien tenía una relación directa con Raúl Salinas de Gortari. El desfile de nombres y empresas es largo e interesante; por ejemplo, Grupo Alfa, Grupo Sidek-Situr, Grupo Gutiérrez Cortina y otras más ligadas al hermano del expresidente.

Sin embargo, situar el impacto del Fobaproa solo en el campo económico es limitar la visión. Mientras los banqueros y sus empresas eran rescatados, millones de mexicanos enfrentaban recortes en programas sociales, educación, salud y vivienda. Según información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, de 1998 a la fecha los gobiernos han tenido que destinar 40 mil millones de pesos anuales solo para pagar los intereses de la deuda; esto equivale al presupuesto anual de algunos programas como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro.

En el ámbito político, el Fobaproa generó una profunda fractura en la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Que Ernesto Zedillo haya rescatado con dinero público a los amigos banqueros de los Salinas, y que esto haya sido aprobado por el PRI y el PAN, fue un acto de traición a los intereses del pueblo. El Fobaproa encarnó el momento en que el gobierno dejó de ser garante del bienestar general para convertirse en símbolo de la corrupción y de los intereses privados.

El Fobaproa es un tema actual que no debemos olvidar, sobre todo porque las consecuencias siguen vigentes, principalmente porque lo hemos pagado durante 25 años y seguiremos haciéndolo por muchos años más. Debemos tener presente que fue un colosal traspaso de riqueza pública a manos de unos cuantos empresarios.

Solamente quienes tienen poca memoria o franca desvergüenza pueden defender el Fobaproa, sobre todo cuando se esconden fines políticos en falsos argumentos. Atacar las acciones del gobierno sacando del armario del olvido a figuras como Zedillo es una ofensa a la dignidad de los mexicanos.